Hematología en color. Preguntas de parciales reales, no inventadas.
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Podemos separar la sangre en dos componentes: uno formado por células (glóbulos y plaquetas) y otro fluido, el plasma, que ocupa cerca del 55% del volumen total. Ese plasma es agua en un 90% e incorpora además proteínas, glucosa, iones, hormonas y gases como el CO₂, entre otras sustancias.
Si consideramos a un adulto, el plasma total ronda el 5% de su peso corporal, lo que equivale a unos 3500 ml.
Estas proteínas del plasma desempeñan varias tareas a la vez: sostienen la presión oncótica (con sus 28 mmHg contribuyen a retener el agua dentro de los vasos); regulan el pH de la sangre (aportan alrededor del 15% de la capacidad buffer plasmática); dan estabilidad eléctrica (con carga negativa a pH 7.4 integran el conjunto de aniones del plasma); y trasladan hormonas (fijan las de tipo lipofílico y así impiden que se pierdan al filtrarse en el riñón).
La inmunidad humoral descansa en los anticuerpos que producen los linfocitos B. Su meta principal es neutralizar patógenos extracelulares como bacterias, hongos y toxinas microbianas, y también puede actuar sobre microorganismos intracelulares antes de que infecten las células o una vez que quedan libres tras la destrucción de la célula infectada.
Los linfocitos B maduros recirculan por los órganos linfoides secundarios en busca de su antígeno específico. Si el antígeno es T-dependiente y lo presentan a un linfocito T, se abren dos caminos: 1) el plasmocito de corta vida, que se forma con rapidez, no experimenta maduración de afinidad ni hipermutación somática, produce IgM como respuesta inicial y también surge frente a antígenos T-independientes; y 2) el centro germinal, donde el linfocito B entra en un ciclo de proliferación, hipermutación somática, cambio de clase (IgG, IgA, IgE) y selección por afinidad, guiado por células Tfh y CDs foliculares. Las células plasmáticas de larga vida (LLPCs) se alojan en médula ósea, órganos linfoides secundarios, tejidos mucosos y sitios de inflamación, y secretan anticuerpos de alta afinidad. También se producen linfocitos B de memoria.
Los receptores Fc (FcR) se encuentran en la superficie de numerosas células y se unen a la porción Fc de los anticuerpos, enlazando la especificidad de la inmunidad adaptativa con los mecanismos efectores de la inmunidad innata. Cuando las células de la inmunidad innata (macrófagos, neutrófilos, NK) interactúan con un anticuerpo mediante un receptor Fc, adquieren una especificidad inmunológica real, parecida a la de un BCR.
Entre los tipos de receptores Fc está el FcγR (gamma), que reconoce la IgG y tiene los subtipos FcγR1, FcγR2 (a/b/c), FcγR3 y FcRn (neonatal); el FcεR (epsilon), que reconoce la IgE con los subtipos FcεR1 y FcεR2; el FcαR (alfa), que reconoce la IgA con el subtipo FcαR1; y el FcαμR o receptor polimérico, que reconoce tanto IgA como IgM. Para la IgD no se conocen receptores Fc.
Una vacuna es un preparado pensado para adiestrar al sistema inmune y así evitar enfermedades. El concepto que propuso Pasteur consiste en presentarle al cuerpo una versión sin peligro del patógeno (o de algún fragmento suyo) para que aprenda a identificarlo sin desencadenar la infección. En síntesis, una vacuna: reproduce una infección sin provocar daño, le enseña al sistema inmune a distinguir moléculas importantes del patógeno, puede generar defensas que en condiciones naturales quizás no se pondrían en marcha, y deja al organismo listo para frenar infecciones posteriores.
Plataformas de desarrollo: las clásicas (patógenos atenuados o inactivados y toxoides), las de subunidades (proteínas o polisacáridos purificados), las de partículas parecidas al virus (VLPs, obtenidas por ingeniería genética) y las de última generación (que parten del genoma del patógeno para elegir antígenos más eficaces, es decir vacunología reversa).
1) Vivas atenuadas: llevan microorganismos vivos alterados en el laboratorio de modo que ya no enfermen pero sí logren replicarse de forma débil. Ventajas: generan respuestas inmunes intensas, incluida la inmunidad celular, y suele alcanzar con 1-2 dosis. Desventajas: existe el riesgo de que reviertan a una forma virulenta y no sirven para inmunocomprometidos. Ejemplos: BCG (tuberculosis), OPV (polio oral), sarampión, fiebre amarilla.
2) Inactivadas: microorganismos eliminados por procedimientos físicos o químicos; ya no se replican pero mantienen su estructura. Ventajas: son seguras y pueden darse a inmunocomprometidos. Desventajas: producen menos inmunidad celular y necesitan adyuvantes junto con varias dosis. Ejemplos: influenza ('split'), malaria (RTS,S Mosquirix®).
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